“Se busca: Abuela para Rosie”
Por Sierra Guenst

“Estoy trabajando aquí. Necesito dinero mientras estoy escribiendo mi libro,” dijo Rosie. Rosie es una mujer con pestañas largas y negras y labios naturalmente rojos. Sus pies están cansados de estar trabajando todo el día.

“¿Pero tu familia está en España?” preguntó Miguel, el nuevo amigo de Rosie. Rosie trabajaba en un restaurante y este hombre era un amigo de su amiga Linda. Miguel y Rosie se conocieron una noche antes en una fiesta.

“Sí, ellos se mudaron aquí pero no les gustó Chicago. No me gusta tampoco.”

“¿Por qué?”

“Me gustan las playas, las ciudades y la cultura de España. Chicago es demasiado fría en el invierno y el invierno es demasiado largo,” ella sonrió. “Necesito el sol.”

“Estoy de acuerdo. ¿Sobre qué es tu libro?”

“Esa es un buena pregunta. Tiene lugar en España y es sobre dos parejas. Las mujeres en las parejas son amigas pero los hombres no se gustan. Es sobre España en los años de 1950. Pero estoy teniendo bloque de escritores. No tengo ninguna información personal. Toda mi información es de la computadora o los libros. Quiero hablar con una persona que vivió durante ese tiempo.”

“¿Y tus abuelos? ¿Son de España también?”

“Sí, pero no nos conocimos. Ellos murieron antes de mi nacimiento.”

“Lo siento,” respondió Miguel. Él puso la cabeza en la mano y estaba pensando. “Mi abuela está muerta también pero ella tenía un diario. ¿Si lo encuentro te gustaría leerlo? Pienso que te gustará. Ella vivió durante los años de 1950.”

“¡Miguel! Sí, muchas gracias. Ahora mismo no puedo escribir. También extraño a mi familia mucho. Pienso en volver a España muchas veces.”

“¿Por qué no te mudas a España?”

“Porque estoy trabajando en una escuela aquí también. Es un buen trabajo. Hablando de trabajar, debo estar trabajando. Ten una buena noche.”

“Buenas noches, Rosie.”

El próximo día una caja apareció en el buzón de Rosie. Cuando ella la abrió, era un diario de cuero que parecía muy viejo. Las páginas estaban amarillas y la escritura era cursiva y elaborada. El día hacía mucho sol. Ella fue al patio, se tumbó en su hamaca y sintió el sol en la cara. Los veranos de Chicago no eran malos. Ella miró por las páginas echando una ojeada a las palabras de la abuela de Miguel. Ella parecía ser una mujer que pensaba a fondo sobre su vida. Rosie paró en una página cuando vio el título, “El Día de mi Boda.”

15 de junio de 1955

¡El día de mi boda fue hace dos semanas pero las dos semanas se fueron muy, muy rápido! Fuimos a las Islas Canarias para nuestra luna de miel. Este hombre es un esposo increíble. Él me compró flores cada día…

Rosie paró de leer. Ella quería saber cómo era su matrimonio. Quizás le ayudaría con los detalles de las parejas en su cuento. Ella vio a la mitad del diario.

24 de abril de 1958

Extraño a mi familia mucho. Hoy cociné paella para la cena. Ricardo estaba muy feliz. Él ama esta receta. Es la receta de mi mamá y abuela. Traté de no llorar mientras estaba cocinando pero algunas gotas cayeron. Vivimos en el mismo país que mi familia pero estamos demasiado lejos de los otros. Sevilla es bonita y estoy feliz de estar aquí con mi esposo maravilloso. Pero, no es como Barcelona. Extraño mi iglesia, mi playa favorita, y cocinar con mi mamá. Ricardo me encontró llorando y fue tan cariñoso. Él me recordó a que mi madre nos visitará en un mes. Él también me sugirió recordar las cosas positivas. Es importante. Pienso en las cosas malas y me pone triste. Quizás cada día debo escribir cinco cosas que me hacen feliz.

1. La luz del sol
2. La paella en mi estómago
3. Mi gato, Milagro
4. Las rosas afuera de mi ventana
5. La panadería en Sevilla con croissants rellenos con chocolate

Rosie paró de leer el diario de la abuela de Miguel. Rosie se ha preguntado siempre cómo habría sido tener abuelos. Ella pensó que ellos le contarían cuentos de su juventud, su noviazgo, y su matrimonio. Ellos reirían de las memorias y le darían consejos a Rosie. Ella soñó de cocinar con su abuela y aprender a bailar con su abuelo.

Ella escuchó a su perro ladrando. Se levantó y entró a la casa. Alguien estaba tocando a la puerta.

“¿Miguel?” ella dijo cuando abrió la puerta.

“¡Buenos días! Quiero ver si empezaste a leer el diario,” respondió.

“Sí. ¡Muchas gracias!” Ella olió algo delicioso. “¿Son galletas?”

“Sí. Mi hermano ama cocinar. Él las hace para la fiesta de cumpleaños de su hija pero robó algunas.”

Ella sintió que algunos de su sueños se convertían en realidad. No, su abuela no cocinó las galletas para ella, pero las galletas de Miguel parecían ser tan buenas como alguna que la abuela cocinaría. Ella no tiene abuelos propios para darle consejos. Pero, Miguel estaba compartiendo a su abuela con ella por el diario. Quizás la abuela de Miguel tenía razón. Ella necesita recordar las cosas positivas. De repente, ella sintió que ella tenía mucha inspiración. El bloque de escritores se iba. ¡Ella necesitaba escribir ahora mismo!