“Tranquilidad lunar”
Por John Kovatch

Cada día Luis se despertó y deseó no haberlo hecho. Le aburría la vida de su barrio, le aburrían sus vecinos, le aburrían los hombres con qué él trabaja, le aburría todo que el mundo tiene para ofrecerle. No ha hecho nada muy importante en su vida y no tenía algo que quiere hacer en este mundo. Del levantar del sol al momento cuando él se durmió, Luis odió su vida.

En marzo, más que veinte años después de que las terminaron, los Estados Unidos reanudaron sus programas de viajar por el espacio. Luis miraba la televisión cuando vio la noticia que explica que la estación del centro del control de los programas de espacio en el Nuevo Texas aceptaba a nuevos voluntarios para un nuevo programa experimental.

El programa fue abierto a todos que querrían participar y que podían superar dos pruebas; una para la salud física y una para las habilidades mentales. Luis superó ambos con facilidad y estuvo listo para aceptarse en el programa; solamente necesitó esperar. Pasaron dos semanas cuando Luis recibió una gran cantidad de información por su email. Tenía todos los detalles de su próximo viaje, y los hombres en la estación expresaron su gratitud para su participación. Dijo que montaría su propio barco al espacio. No necesitaría conducir o hacer nada hasta que llegó a la luna. Solamente tendría que esperar dos semanas más para empezar su gran viaje.

Después de dos semanas, condujo a la estación, superó una otras pruebas de preparación, y recibió todos sus instrumentos, municiones, y su barco. Se sentó en una silla muy cómoda, y la última cosa que recordó antes de que durmió era la cara del hombre que le ayudó con su maquillaje para respirar diciendo que él estará en la luna muy pronto.

Luis despertó. No salió de su silla inmediatamente. Luis odiaba despertar. O, usualmente odiaba despertar, y lo odió este día también, hasta que se dio cuenta de donde estuvo. No tomó mucho tiempo para salir del barco y ponerse los pies en la tierra lunar; ya había leído todas sus instrucciones para preparación y práctica.

Vivió en la luna sin problemas por unos meses. Su barco se convirtió en su casa con unas modificaciones a la estructura. Comió comida de las municiones que trajo y había empezado cultivando unas papas que podía comer con sus suplementos. Leyó mucho. Era al final del tercer mes que empezó recibir los mensajes de las personas que se quedaron en la tierra. Uno tuvo el sonido de:

“¡No podemos tenerte como la única persona en el espacio! ¡Mandamos que vuelvas inmediatamente!”
Luis reconoció el remitente cómo un hombre de su pueblo que no conocía muy bien y entonces no prestó atención al correo electrónico. Continuó con sus modos de vivir en la luna sin otras personas y puso todas las facilidades de su cerebro en el sobrevivir y el disfrutar de la vida en espacio. No era mala vida; de hecho, era una vida muy agradable para Luis. No había vecinos o empresas o cultura popular. Solamente había la soledad, la paz, y la habilidad de enfocar sin interrupción. Pero eventualmente recibió más mensajes, incluso unos de la estación.

“Todo lo que hemos aprendido en la última década indica que si hay vida inteligente en nuestro universo y que está más cerca de nosotros de lo que ha estado. Si ellos nos encuentren antes de que nosotros les encontramos, ¡no queremos que tú seas el primer ejemplo de una vida humana!”

Aparentemente, su reputación en su pueblo había viajado a Nueva Texas y la estación del centro de control. No sabía porque, con excepción de la gran posibilidad que los habitantes podridos de su pueblo hacían todo que podían para eliminar su oportunidad de estar feliz. Probablemente oyeron que Luis había salido y en este momento decidieron que le forzaría a volver a la tierra, y entonces dijeron a los hombres de la programa que Luis era perezoso y malo.

Un día en particular, recibió una llamada de la estación cuando ayudaba el cultivar de las papas. Inmediatamente, su enfoca y su paz se destruyeron por las demandas y voces enojados de todos los humanos de que él había tratado de escapar en el primer lugar. Querían que se volviera, ya que vivara en la tierra, y que soportara la vida normal que alienta. No pudo aceptarlo. Antes de que pudieran terminar sus gritos, Luis cerró la línea. Y después, sentó en silencio. Finalmente, ha logrado la tranquilidad real.